Conductas modernas de aislamiento social

Diálogo entre  Diogenes de Sinope y Alejandro Magno:
-“Yo soy Alejandro Magno", dice el conquistador al dirigirse al filósofo, a lo que el filosofo contesta: -“y yo Diogenes el cínico”. Alejandro le pregunta de qué modo puedo servirte. El filósofo replica:
 "¿Puedes apartarte para no quitarme la luz del sol? No necesito nada más".

FÍLÓSOFO DIÓGENES: ÓLEO DE JULES-BASTIEN EN 1873


Síndrome de Diógenes, Hikikomori, NEET, Los tres patrones de comportamiento tienen en común el aislamiento social voluntario

 


Síndrome de Diogenes: 


Es un extraño patrón de conducta.  Son personas generalmente mayores de 65 años que viven solas, severamente hurañas,  con nula interacción social, un total abandono personal y desidia en el mantenimiento de su hogar. Se acompaña por la acumulación compulsiva  de grandes cantidades de dinero  o de desperdicios domésticos en la vivienda.  A estas personas, desprenderse de sus cosas inútiles les produce angustia y desazón y son capaces de reaccionar violentamente si alguien se atreve a despojarlas de sus pertenencias.


En 1960 se realizó el primer estudio científico de dicho patrón de conducta. Fue denomina   en 1975 como Sindrome de Diógenes, rememorando al filósofo Diogenes de  Sinope, contemporáneo de Aristóteles, quien alguna vez se cruzó con Alejandro Magno y fue famoso por llevar una vida totalmente austera. 


Este trastorno, que esconde importantes alteraciones psiquiátricas, afecta a 1,7 pacientes por cada 1.000 ingresos hospitalarios. No obstante, los especialistas creen que su aumento es previsible no sólo por el envejecimiento de la población, sino por sus condiciones socio-sanitarias.

Se debate si se trata de una enfermedad o adopción de un estilo de vida. Su abordaje social es difícil, y  por ende su tratamiento y muchos de ellos entran en estados nutricionales deficientes, además de las repercusiones de sus patrones de higiene.


El mayor obstáculo para tratar a estos pacientes es que ellos no tienen plena conciencia de su problema y suelen rechazar la ayuda social. Si no están incapacitados por motivo de alguna patología psiquiátrica de base o una demencia, no pueden ser ingresados en una residencia sin su consentimiento, con lo que terminan reincidiendo en el patrón de vida que llevaban.


Por lo general son personas que se sienten solas, o no han superado la muerte de un cónyuge o familiar muy cercano, o presentan cuadros depresivos. En algunos casos las penurias económicas pueden alentar este comportamiento, pero no es un factor clave, pues se conocen casos en personas de alto nivel socioeconómico y carreras profesionales brillantes que lo padecen. En definitiva, es la soledad el principal factor que desencadena este trastorno.  El fondo del asunto es un sustrato de enfermedad mental, en muchos casos postraumática. En todo caso es preciso tratar la patología psiquiátrica asociada: depresión, demencia, cuadros psicóticos, trastornos obsesivos, personalidad con rasgos paranoides; que los lleva a vivir en esas condiciones
 
Uno de los factores más importantes en el creciente  número de casos que manifiestan este trastorno es el progresivo aumento del número de ancianos que viven solos en la sociedad moderna.


El tratamiento debe empezar por la detección de los casos de riesgo, el ingreso en un Hospital General o Unidad de Geriatría, y abordaje de los trastornos médicos. Es indispensable un diagnóstico para saber cuál es la patología de base que genera este comportamiento. Si no es posible asegurar la convivencia o ubicar al paciente en una institución social, es preciso hacer un seguimiento crónico, visitas domiciliarias, y trabajo coordinado de los servicios sanitarios (médico, enfermero) y  trabajador social.


Es un síndrome heterogéneo. Y el pronóstico es sombrío por el deterioro mental que ya se ha producido. Por eso es fundamental procurar que estas personas estén bien atendidas.


Pero cuál es el mecanismo que nos hace apegarnos a tantas cosas inclusive, desechables?


El neurocientífico, Brian Knutson de la Universidad de Stanford en un estudio a través de resonancia magnetica funcional, implicó al Núcleo Acummbes y al sector derecho de la ínsula, como regiones que se desactivan  o activan ante la posibilidad de perder algo que nos pertenece.


 Esto muestra que nos  apegamos a las cosas no tanto por lo que nos gustan, sino por temor a perderlas. Nuestro cerebro es el mismo de hace aproximadamente 150.000, cuando el homo sapiens poseía pocas cosas, de las cuales dependía para su supervivencia y era reacio a dejarlas. Según Knutson, este circuito arcaico aún sigue funcionando en nosotros haciéndonos sobrevaluar nuestros objetos y hacer de nuestros hogares depósitos de viejas cosas.  En el caso del Sindrome de Diogenes, se exagera la tendencia por la vivencia patológica en que se encuentra inmerso el afectado.


Hikikomori


Es una palabra japonesa referida a un comportamiento anómalo de los jóvenes, que consiste esencialmente en aislamiento patológico, una especie de 'soledad juvenil maligna' en plena sociedad de la comunicación.

En los últimos años se ha descrito en jóvenes que se aíslan, se encierran en sus dormitorios, se niegan a relacionarse, se abandonan a la abulia y el hastío, y que son aparentemente sanos, sin dolencias físicas ni psíquicas que expliquen su conducta. Hay un  rechazo de toda actividad productiva. Desde el punto de vista psiquiátrico  el Hikikomori se podría entender como una especie  de equivalente psicótico, depresivo o para-suicida. Generalmente son hijos únicos o primogénitos

En 2005 el Instituto Japonés de la Salud (NHK, 2005) registró más de tres millones de afectados, y el fenómeno se está extendiendo por el mundo. La mayoría son varones (86%) menores de 25 años. Tiene su origen en Japón pero poco a poco, aunque con características diferentes según cada sociedad, se va extendiendo al resto de los países “civilizados”. En España, este fenómeno se conoce con el nombre de “Síndrome de la puerta cerrada”, en el mundo anglosajón como “Social withdrawal” y en el mundo francoparlante como “Syndrome du retrait social aigu”

El afectado suele empezar por dejar de ir al colegio o la universidad, aduciendo razones tan variadas como sufrir acoso, un desengaño amoroso, malos rendimientos o excesiva presión. Suelen pasar años, habitualmente cinco o más, antes de que los padres recurran a pedir ayuda. Normalmente, estos esperan que se resuelva solo, creyendo que es una rareza propia de la edad. Con el correr de los años muchos de estos jóvenes se convierten en dependientes, exigentes y tiranos con sus padres, se muestran violentos o amenazan con suicidarse si les sacan de su encierro. Rechazan toda ayuda de ser tratados.  Normalmente lleva mucho tiempo poder acercarse al hikikomori y ganarse su confianza.


En ese rechazo a toda comunicación, sin embargo, se ha encontrado cerca de un 10% que lo hace por internet. Su familia sabe que sigue respirando porque devuelve vacía la bandeja de comida que le dejan en la puerta y porque oyen el crujir de la madera en el piso de arriba cuando decide dar una vuelta por su habitación.  


Hay diferentes opiniones sobre qué se debe hacer en estos casos. Los padres y terapeutas japoneses piensan que se debe esperar hasta que voluntariamente se reincorpore a la sociedad. En muchos casos no sólo los 'Hikikomori' necesitan ayuda psicológica, sino también los padres que se ven desbordados por la situación.

Son muchos la perdida de años vida y la  ruptura con el futuro vital, en una etapa en que el ser humano podría ser más activo social y económicamente

Los 'hikikomori' pueden estar representando   un rechazo pasivo-agresivo a una sociedad gobernada por el mercantilismo y la globalización y que usa a los jóvenes en un vértigo consumista.  Aunque no se ha concluido del todo su fondo, la conducta anómala tiene sus riesgos más allá del aislamiento y el drama familiar. De hecho, En todo caso, si usted tiene hijos jóvenes, o usted mismo es uno de ellos, ojo con la 'puerta cerrada', cualquiera sabe lo que puede pasar adentro.

NEET (Not currently engaged in Education, Employment o Training):

Recientemente se ha descrito este  fenómeno, denominado definido como 'hikikomori social'. Es decir, una persona que rechaza el estudio, el trabajo y la preparación laboral pero sale de vez en cuando. El acrónimo NEET nació en el Reino Unido, lo que evidencia que no se trata de un fenómeno exclusivo de Japón.

Según el Libro Blanco de Economía Laboral los NEET alcanzaron la cifra de 850.000 en 2004. Normalmente son varones, solteros de hasta 35 años, que viven a costa de los padres, y rechazan el contacto social o la lucha por la competitividad laboral y económica.


Como puede observarse,  se trata de conductas típicamente posmodernas, muy de esta sociedad hiper-comunicada o hiper-incomunicada y de soledad.  


By Marleny Carreño, Md

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